
Gabinete de Calificación de Agravios e Insultos > Sección de Filología Ofensiva

ABRAZAFAROLAS
TAXONOMÍA DEL IMPROPERIO

Definición: Persona aduladora que muestra un afecto exagerado e interesado hacia las personas con poder para obtener algún beneficio.
Término culto: Amplecti-farolus pelotarum.
Ubicación en el Archivo: Salón de la adulacion, salita de la lisonja interesada.

Etimología: Es una palabra compuesta de formación romance (castellana), nacida en el siglo XX. Del verbo abrazar y el sustantivo farolas. No aparece en el diccionario de la RAE.
Originalmente se refería al borracho que, incapaz de mantenerse en pie, se aferraba a una farola para no caer al suelo.
Más tarde el término experimentó un giro semántico radical. Pasó de describir un estado físico de embriaguez a convertirse en un insulto para designar al individuo que se aferra a cualquier persona con poder o brillo propio para obtener un beneficio.

Nivel de ofensa:
Serio
Es un agravio proferido contra la valía y dignidad de una persona que solo se precia en función de la persona a la que esté abrazando en ese momento.

Vigencia: Nuevo cuño. Se usa mucho en ambientes políticos, deportivos o sociales para señalar a esos personajes satélites que siempre aparecen en las fotos al lado del poderoso.
PERFIL ACREEDOR AL VILIPENDIO

Rasgos identificativos: Se le reconoce por su proximidad innecesaria al que destaca. Y por su habilidad asombrosa para detectar quién tiene la sartén por el mango en cada habitación.

Hábitat: Se le encuentra con frecuencia en palcos, antesalas de despachos oficiales, cócteles de inauguración y fotos de grupo, siempre en las proximidades del más poderoso.

Peligrosidad:
Nula
El abrazafarolas es consciente de su proceder y no lo considera reprochable, por lo que no suele ofenderse.
ANÁLISIS DEL ÍNCLITO GABINETE

Análisis histórico y literario: A diferencia de los insultos tradicionales, abrazafarolas debe su salto al estrellato idiomático a un entorno muy específico: el periodismo deportivo radiofónico español.
El periodista José María García, una de las figuras más influyentes de la radio española en las décadas de 1970, 1980 y 1990, popularizó este término de forma masiva en sus programas nocturnos (Supergarcía).
García utilizaba abrazafarolas de manera sistemática para fustigar a los directivos, intermediarios y palmeros del mundo del fútbol que adulaban a los presidentes de los clubes o a los políticos de turno.
De la radio saltó de inmediato al habla de la calle y, de ahí, a las columnas literarias y novelas de autores contemporáneos que buscaban retratar la fauna política y social de la España de finales de siglo.
En Y Tierno Galván ascendió a los cielos (1990) de Francisco Umbral, se utiliza el insulto para retratar con cinismo a los intelectuales y burócratas de la movida madrileña y de la transición que orbitaban alrededor del poder político, definiendo la esencia del adulador moderno:
«La corte estaba llena de abrazafarolas de la cultura y el poder, tipos que por la mañana te hacían la reverencia y por la noche te vendían por un plato de lentejas.»

Guía de uso: ¿Cuándo y cómo proferirlo?
Debe usarse cuando vemos a alguien exhibir un servilismo bochornoso hacia un superior o cuando alguien intenta hacerse notar arrimándose a alguien importante de forma descarada.
Modo de empleo: Se debe pronunciar con un matiz de lástima mezclada con asco.

Resumen y conclusión del Archivero
El o la abrazafarolas es el espécimen patético y servil que medra en las proximidades al poder, buscando desesperadamente cualquier rayo de relevancia que pueda proyectar sobre su propia insignificancia.
Es el que ríe más fuerte los chistes del jefe, el que asiente antes de que el poderoso termine la frase y el que está dispuesto a sostenerle el abrigo, el paraguas o incluso a ponerse a cuatro patas a guisa de banqueta para que descanse, a cambio de una palmadita en el hombro.
Es el que busca la luz ajena porque la suya está fundida. Y si la farola a la que se abraza se apaga porque el poderoso cae, no tardará ni un segundo en correr a abrazarse a la siguiente farola que se encienda, aunque sea la del enemigo del anterior.
«Dado en el Gabinete de Agravios e Insultos a 11 de diciembre de 1975».


Número de Registro: 000011033 | Catálogo de Ofensas Lacerantes | El Energúmeno Ilustrado
⚠️ Aviso de contexto: > Este análisis es pura precisión gramatical, con el propósito de ilustrar nuestra cultura del insulto. El conocimiento es libre, pero al aplicarlo se hace prisionero de sus propias palabras. Nadie se va a hacer responsable de las consecuencias de su uso. Con su pan se lo coma.


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