Si venís en busca de un pergamino o legajo en concreto, habéis arribado a la dependencia correcta.

Escribid vuestra petición con claridad y tañed el timbre.

Sed paciente; el conseguidor suele dormitar entre el polvo de los estantes y tarda unos instantes en despegarse el sueño de los pápados para correr al archivo. Por vuestra caridad, pulsad el timbre con suavidad una vez haya despertado: el pobre hombre sufre de una agria jaqueca y el eco del bronce en estos pasillos vacíos le resulta insoportable. Una vez que esté a vuestro servicio, os traerá cuantos documentos solicitéis sin necesidad de más estruendo