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MANGARRÁN
TAXONOMÍA DEL IMPROPERIO

Definición: Persona holgazana, inútil, desaliñada y despreciable.
Término culto: Ignavus-pannosus rusticus.
Ubicación en el Archivo: Salón de pereza, sección del harapo y el desaliño.

Etimología: El término esta catalogado como de origen incierto, aunque la academia apunta a que se encuentra estrechamente emparentado con el verbo mangar, en su acepción original de ‘pedir, mendigar o vivir sin trabajar’ y con el término aragonés mangarra, ‘negligente, perezoso’.

Nivel de ofensa:
Serio

Vigencia: En desuso. Es un agravio perteneciente al léxico tradicional de la España rural que ha vivido tiempos mejores.
PERFIL ACREEDOR AL VILIPENDIO

Rasgos identificativos: Siempre va despeinado y con aspecto desaliñado: ropa arrugada, botones desabrochados, pantalones raídos… Y con una actitud de flojera y dejadez absoluta.

Hábitat: Se le encuentra dormitando en bancos de plaza en horas laborales, sentado en las escaleras de acceso a edificios públicos y en posiciones lo más alejadas posible de un trabajo en curso.

Peligrosidad:
Nula
ANÁLISIS DEL ÍNCLITO GABINETE

Análisis histórico y literario: Es un insulto rural de herencia tradicional que con el tiempo mutó en un descalificador general para referirse a personas informales, desaprensivas o dignas de desprecio por su falta de palabra o limpieza.
Su variante dialectal en algunas zonas de Castilla-La Mancha es mangurrián.
Se trata de una voz popular y rural que algunos autores contemporáneos han utilizado en sus textos. Rafael Sánchez Ferlosio, filósofo y ensayista, escribe en Ensayos II: Campo de Marte:
«Aquel hogar del que semejante par de mangarranes quería oxearnos y desalojarnos.»

Guía de uso: ¿Cuándo y cómo proferirlo?
Debe usarse cuando se quiere afear al sujeto su falta de aseo personal o su actitud perezosa.
Modo de empleo: Con tono de reproche.

Resumen y conclusión del Archivero
El mangarrán o la mangarrana representa la estirpe clásica del holgazán que ha hecho del desaliño su seña de identidad.
Aparece siempre con la ropa desabrochada, manchas de días anteriores, el pelo revuelto y una actitud de que el mundo le debe el descanso que nunca se ha ganado.
Mientras que otros vagos mantienen las formas o cuidan su aspecto, el mangarrán une la falta de laboriosidad a una estampa descuidadísima, convirtiendo su dejadez física en el espejo fiel de su absoluta inopia laboral.
«Dado en el Gabinete de Agravios e Insultos a 26 de noviembre de 1920».


Número de Registro: 000008561 | Catálogo de Ofensas Lacerantes | El Energúmeno Ilustrado
⚠️ Aviso de contexto: > El insulto aquí catalogado es propiedad del idioma y patrimonio de la historia. Si decide usted rescatarlo para su uso personal, lo hace bajo su exclusivo criterio. Declinamos toda responsabilidad sobre amistades rotas, herencias perdidas o mandíbulas desencajadas. El buen uso de la lengua requiere sabiduría; el mal uso, solo valor.


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