
Gabinete de Calificación de Agravios e Insultos > Sección de Filología Ofensiva

MALEDICENTE
TAXONOMÍA DEL IMPROPERIO

Definición: Persona que habla con mordacidad en perjuicio de alguien, denigrándolo.
Término culto: Maledicus ofensivus.
Ubicación en el Archivo: Salón de la crítica, sección de malas palabras.

Etimología: Del latín maledicens ‘el que habla mal de otro’. Se compone de male ‘mal’ y dicere ‘decir’.

Nivel de ofensa:
Extremo
Es un agravio proferido contra alguien que sobrepasa los límites de lo tolerable, afectando a la reputación y al honor de otro.

Vigencia: Plena. Y desbordante.
PERFIL ACREEDOR AL VILIPENDIO

Rasgos identificativos: Se le reconoce por la inclinación perpetua de cabeza como para captar algún chisme lejano y por el uso constante del susurro, incluso cuando no hay nadie más en la habitación.

Hábitat: Corrillos de pueblo a la puertas de las casas, máquinas de café en oficinas donde el trabajo escasea, conversaciones que empiezan con «no se lo digas a nadie», reuniones de asesores políticos y cualquier lugar donde se juzga la vida privada de personas que no conocen de nada.

Peligrosidad:
Extrema
Por riesgo de muerte civil. el maledicente no usa navajas, usa sustantivos. Su mayor arma es la duda sembrada. Sabe que, aunque luego se demuestre la inocencia, el «algo habrá hecho» quedará flotando en el ambiente como el olor a fritura en una cocina sin campana. Su máxima: calumnia, que algo queda.
ANÁLISIS DEL ÍNCLITO GABINETE

Análisis histórico y literario: Históricamente, el maledicente ha sido una figura temida porque su arma no es la violencia física, sino la destrucción de la reputación, que en los siglos XVI y XVII era el bien más preciado de un individuo.
Es el heredero del chismoso y del cizañero medieval, pero actuando con dosis de veneno y voluntad de daño.
En La hora de todos y la Fortuna con seso (1635), de Quevedo, el autor nos describe cómo la palabra malintencionada se propaga como una enfermedad incurable que destruye la convivencia social:
«No hay cosa que más se parezca a la peste que el maledicente, porque donde pone la lengua deja la mancha y lleva la muerte.»

Guía de uso: ¿Cuándo y cómo proferirlo?
Debe usarse cuando se descubra que está difundiendo una mentira a sabiendas y con clara intención de perjudicar.
Modo de empleo: Con firmeza y censura. Alzando la voz para que todos los presentes lo oigan y sean conscientes de su naturaleza, con la intención de etiquetarle para que sus futuras palabras ya no sean tenidas por ciertas.

Resumen y conclusión del Archivero
El o la maledicente es el espécimen que ha decidido que la verdad es un obstáculo para una buena historia de terror social.
Es el ser que nos demuestra que se puede ser un asesino en serie sin haber levantado nunca nada más pesado que un rumor.
Pero las mentiras del maledicente no serían tan venenosas si no contaran con la credulidad o predisposición de su público, que da pábulo a sus palabras.
Es aborrecible ser un maledicente, pero es muy censurable ser su cómplice al dar crédito ciego a sus palabras sin verificarlas primero.
Nota del Archivero: (Para los iletrados o no familiarizados con el lenguaje clásico) Dar pábulo significa ‘alentar, fomentar o dar motivos para que algo negativo, como un rumor, chisme o sospecha, se incremente’.
Nota del Archivero: Si antes el maledicente necesitaba un patio de luces o una peluquería, hoy le basta con un teclado y una conexión a internet para convertir un rumor en una verdad absoluta en cuestión de segundos. Mucho cuidado con él.
«Dado en el Gabinete de Agravios e Insultos a 21 de agosto de 1731».


Número de Registro: 000001545 | Catálogo de Ofensas Lacerantes | El Energúmeno Ilustrado
⚠️ Aviso de contexto: > Este análisis no pretende alentar la discordia, sino la excelencia en el habla. Si estas palabras cruzan sus labios y hay consecuencias, son su responsabilidad. Sepa que nos lavamos las manos con más diligencia que Poncio Pilatos.


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