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TIQUISMIQUIS
TAXONOMÍA DEL IMPROPERIO

Definición: Persona escrupulosa que pone reparos vanos y excesivos a cualquier cosa y que da una importancia exagerada a nimiedades.
Término culto: Tibimihi minucia.
Ubicación en el Archivo: Salón de la importancia, anaquel de las minucias sobrevaloradas.

Etimología: Deriva de la expresión del latín clásico tibi, mihi, cuyo significado literal es ‘para ti, para mi’.
En el latín medieval hablado en los conventos y universidades, el pronombre mihi sufrió una ultracorrección ortográfica y empezó a escribirse y pronunciarse como michi. Por simetría y analogía fonética, los hablantes deformaron también el tibi, transformando la expresión en la fórmula rimada y macarrónica tichi michi, que era usada para burlarse de quienes se perdían en escrúpulos legales o repartos excesivamente minuciosos.
Como en esa época el dígrafo ch latino se pronunciaba como una consonante oclusiva /k/, la expresión tichi michi se adaptó al castellano a comienzos del siglo XVII bajo las grafías tiquis miquis o tiquismiquis.

Nivel de ofensa:
Moderado
No es un insulto que busque destruir, sino que busca retratar a alguien como un pesado insufrible que no sabe distinguir lo importante de lo accesorio.

Vigencia: Plena.
PERFIL ACREEDOR AL VILIPENDIO

Rasgos identificativos: Se le reconoce por su gesto de desaprobación constante, su fijación en lo irrelevante y su nariz fruncida como si estuviese oliendo mierda.

Hábitat: Se le encuentra en el mostrador de devoluciones de las tiendas por hilos sueltos casi invisibles, en las revisiones de textos donde corrige hasta los espacios en blanco, y en las mesas de todo el mundo apartando «cosas» sospechosas de su plato.

Peligrosidad:
Nula
No es un espécimen peligroso ni por su actitud ni por su respuesta al insulto (sabe que es un tiquismiquis y se enorgullece de ello). Otra cosa es si se convive con él; puede ser la tortura de la gota china.
ANÁLISIS DEL ÍNCLITO GABINETE

Análisis histórico y literario: Originalmente, el tichi michi aludía a los miramientos, sospechas y excesiva cautela de los monjes o leguleyos sumamente escrupulosos a la hora de hacer un reparto material o de debatir sutilezas teológicas menores.
El pueblo llano adoptó la expresión para mofarse de las personas que daban una importancia desmedida a minucias insignificantes o que seguían protocolos inútiles para cualquier asunto cotidiano.
Con el tiempo se aplicó a la persona quisquillosa, melindrosa o exageradamente remirada con los detalles, especialmente con la comida o la limpieza.
[añadido] En Mi viajera. Ciervos errantes y tigres invisibles (2001) de Agustín Cerezales se lee:
«Qué fácil es arruinarse. Por eso los ricos verdaderamente ricos son tan cuidadosos, tan tiquismiquis con cada pesetita.»

Guía de uso: ¿Cuándo y cómo proferirlo?
Cuando alguien pone trabas innecesarias a un plan por detalles que a nadie más le importan, o cuando alguien muestra un exceso de melindres con la comida o el orden.
Modo de empleo: Con un suspiro de agotamiento. «¡No seas tan tiquismiquis!».

Resumen y conclusión del Archivero
El o la tiquismiquis es el espécimen del escrúpulo excesivo y meticuloso. Un micro-detallista impertinente con matices patológicos que encuentra pegas a todo.
Es el orfebre del detalle innecesario, una persona que vive con una lupa pegada al ojo para encontrar el defecto invisible, la mota de polvo en el desierto o la tilde mal puesta en un grafiti.
Algo que a nadie, a parte de él, le importa.
«Dado en el Gabinete de Agravios e Insultos a 13 de abril de 1606».


Número de Registro: 000002986 | Catálogo de Ofensas Lacerantes | El Energúmeno Ilustrado
⚠️ Aviso de contexto: > Este análisis es un compendio de arqueología léxica y folklore verbal. Su finalidad es documentar el agravio, no fomentar su ejercicio. Utilícelo bajo su propia cuenta y riesgo. Y recuerde que la elegancia de un insulto no disminuye el tamaño del impacto (ni las consecuencias).


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