
Gabinete de Calificación de Agravios e Insultos > Sección de Filología Ofensiva

ROBAPERAS
TAXONOMÍA DEL IMPROPERIO

Definición: Persona de poca valía que comete faltas sin importancia.
Término culto: Furto fructuum-ajenis.
Ubicación en el Archivo: Sala de la ambición diminuta, rincón de la delincuencia de jardín de infancia.

Etimología: Es un término compuesto por roba, tercera persona del presente de indicativo del verbo robar y peras. Su uso se consolidó en el léxico coloquial a partir del siglo XIX.

Nivel de ofensa:
Serio
No ataca la peligrosidad del sujeto, sino su falta de categoría. Un robaperas no es un villano, es un aprendiz de villano. No. Menos que eso. Es el aprendiz del aprendiz del villano.

Vigencia: Plena. Se mantiene como el agravio definitivo para ningunear a un criminal o a un tramposo.
PERFIL ACREEDOR AL VILIPENDIO

Rasgos identificativos: Se le reconoce por su astucia de cortas luces. Y por su incapacidad para valorar que el riesgo que corre es totalmente desproporcionado con el beneficio.

Hábitat: Se le encuentra con frecuencia en los ayuntamientos de provincias (donde adjudica contratos de pintura a su cuñado), en los vestuarios robando champú ajeno, y en las tramas de corrupción donde todos se llevan millones y él se lleva un ordenador.

Peligrosidad:
Nula
Nada que temer. Como le parece bien robar peras igual se lo toma como un halago.
ANÁLISIS DEL ÍNCLITO GABINETE

Análisis histórico y literario: El término robaperas es un insulto que se utiliza para designar a un delincuente de poca monta, a un bribón de baja categoría o a un infeliz que comete faltas menores e insignificantes.
Alude textualmente al muchacho o vagabundo que entra en los huertos ajenos para sustraer frutas de los árboles de manera furtiva. Debido a que las peras son un botín de muy escaso valor material, el término experimentó un desplazamiento semántico y pasó de describir un hurto rural famélico a calificar a cualquier ratero insignificante o persona de nula relevancia que se las da de peligrosa pero cuyas acciones son ridículas.
[añadido] En Diario de un emigrante (1958) de Miguel Delibes se lee:
«Uno no será un señorito de cuna, qué coño, pero tampoco un robaperas.»

Guía de uso: ¿Cuándo y cómo proferirlo?
Debe usarse cuando se descubre a alguien en un hurto menor.
Modo de empleo: Con una sonrisa en los labios. A no ser que seas un delincuente relevante; en ese caso, con una mueca de desprecio.

Resumen y conclusión del Archivero
El o la robaperas es el espécimen del delito ínfimo, el delincuente de poca monta, el que se sitúa en la base de la pirámide de la ilegalidad.
Es el que se arriesga por un botín que no vale ni el esfuerzo de saltar la valla. El que cree que ha dado el golpe del siglo porque ha conseguido llevarse los bolígrafos de la oficina o no pagar un café. El político que se pringa por una cantidad ridícula o el empleado de un banco al que despiden por robar una caja de clips del material de oficina.
Carece del valor o el ingenio para cometer un gran robo y se queda en la mera mezquindad.
En la jerga de la delincuencia (la germanía antigua o el lenguaje marginal moderno), llamar a alguien robaperas es un insulto degradante. No se le reprocha el ser un criminal, sino su falta de categoría o de profesionalidad.
«Dado en el Gabinete de Agravios e Insultos a 25 de octubre de 1865».


Número de Registro: 000006719 | Catálogo de Ofensas Lacerantes | El Energúmeno Ilustrado
⚠️ Aviso de contexto: > Este análisis pone a su disposición el acero de la lengua, pero no pone el brazo ni el pecho. Cualquier daño colateral, pérdida de honra o intercambio de golpes resultante de emplear este término será responsabilidad exclusiva de quien lo exhala. Nos lavaremos las manos con agua de rosas mientras usted lidia con el ofendido.


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