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MODO DE EMPLEO DEL AGRAVIO CULTO

encillo manual de instrucciones para el agravio culto (o cómo lanzar barro sin mancharse los puños de la camisa).
Insultar es una necesidad biológica, pero hacerlo con elegancia es el deber de un ser civilizado. Siga estos tres preceptos para que su proyectil semántico impacte de lleno en el sujeto objetivo:
1. La ley de la Cara de Póker
Un insulto culto nunca se grita. Si usted grita, ha perdido. La eficacia de palabras como Cenutrio o Gazmoño reside en que deben pronunciarse con la misma calma con la que se pide un café o se comenta el tiempo.
Incline levemente la cabeza y diga algo como: «Es fascinante el nivel de papanatismo que es capaz de desplegar en una sola frase».
El silencio que sigue a un insulto culto dicho con calma es donde ocurre la verdadera magia. Su oponente tardará 30 segundos en procesar si le ha hecho un cumplido o le ha mentado a la madre. Esos segundos de desconcierto son su victoria.
2. La mirada del antropólogo
No mire a su interlocutor con odio; mírelo con curiosidad científica. Mantenga una distancia clínica, como quien observa a una ameba particularmente torpe bajo un microscopio.
No debe parecer enfadado, simplemente estudia la reacción del sujeto al exponerlo a la realidad.
3. La despedida a la francesa
Dé media vuelta y retírese. Una retirada a tiempo es una victoria. Que se quede con la palabra en la boca. Y nunca, nunca, se quede a explicar un insulto.
«Dado en el Gabinete de Estudios Avanzados de la Ofensa a [Sin fechar]».
POR LA BRIGADA DE AMANUENSES


Número de Registro: 000001478 | Fondo de Estudios del Agravio Insultante | El Energúmeno Ilustrado


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