
Gabinete de Calificación de Agravios e Insultos > Sección de Filología Ofensiva

MALANDRÍN
TAXONOMÍA DEL IMPROPERIO

Definición: Persona malvada, maligna, perversa. Malhechor.
Término culto: Malandrinus delincuentia.
Ubicación en el Archivo: Salón de la perversidad, estantería de la bellaquería.

Etimología: Del italiano malandrino, ‘salteador de caminos o bandolero’. Que a su vez deriva del latín tardío malandrium o malandria, que eran las ampollas, pústulas o llagas asociadas a enfermedades de la piel, particularmente la lepra o el muermo en los caballos.
A los leprosos desterrados y desahuciados que vagaban por los caminos viviendo de la limosna o del robo se les llamó malandrinos en Italia. Con el tiempo, la palabra se desprendió de la enfermedad y se quedó fijada estrictamente en el ámbito de la delincuencia ambulante: el vagabundo, el asaltante y el delincuente de caminos.

Nivel de ofensa:
Serio
Es un agravio de falta de honradez.

Vigencia: Arcaico. Es un término que huele a polvo, a aventura y a picaresca.
PERFIL ACREEDOR AL VILIPENDIO

Rasgos identificativos: Ojos alerta y sonrisa astuta. Manos veloces para el engaño y lengua rápida para las excusas.

Hábitat: Se le encuentra con frecuencia tabernas, mercados y caminos secundarios.

Peligrosidad:
Alta
Un malandrín te quita la cartera mientras te explica las excelencias de su honradez.
ANÁLISIS DEL ÍNCLITO GABINETE

Análisis histórico y literario: La palabra ingresó formalmente al idioma castellano a comienzos del siglo XVII. Su introducción y posterior popularidad se deben de manera casi exclusiva al auge de la literatura caballeresca y el uso satírico que de ella se hizo.
En las historias de caballeros andantes, los malandrines eran aquellos personajes sin honor, ya fueran magos o gigantes, que recurrían a artimañas indignas en lugar de pelear en un duelo limpio.
Miguel de Cervantes fue el gran responsable de fijar este término en el imaginario del idioma español, utilizándolo repetidamente a lo largo de su obra maestra para los arranques de furia de su protagonista:
«—¡Tente, ladrón, malandrín, follón, que aquí te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!»

Guía de uso: ¿Cuándo y cómo proferirlo?
Debe usarse cuando se descubre que alguien ha intentado engañar con una estratagema un poco burda o cuando alguien presume de una astucia que en realidad es pura falta de ética.
Modo de empleo: Con una sonrisa en los labios (por lo anacrónico) y agitando un dedo acusador.

Resumen y conclusión del Archivero
El malandrín o la malandrina es el espécimen de la malas artes y del engaño rápido, la pequeña estafa y la desaparición oportuna.
Es un ser de astucia oportunista y de moral elástica que busca el beneficio inmediato y el placer de burlar la ley o la decencia.
Debido a que el agravio quedó fuertemente atado al Siglo de Oro, con los añoss perdió cualquier rastro de amenaza real. Hoy en día se percibe como un insulto cómico, arcaico, inofensivo y teatral, pero también como un reproche elegante propio de una indignación clásica.
Nota del Archivero: En la era moderna, el hábitat del malandrín se ha ampliado a cualquier rincón de internet donde se fragüen engaños rápidos.
«Dado en el Gabinete de Agravios e Insultos a 5 de septiembre de 1720».


Número de Registro: 000006107 | Catálogo de Ofensas Lacerantes | El Energúmeno Ilustrado
⚠️ Aviso de contexto: >Séase sabido que todo aquel que extraiga esta ofensa para su uso en plazas, villas, mercados o palacios, lo hace fuera de nuestra jurisdicción y amparo. No responderemos ante juez, señor o verdugo por las ofensas proferidas. Quien pone el verbo, pone el cuello; y aquí no guardamos cabezas ajenas.


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