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CHIVATO
TAXONOMÍA DEL IMPROPERIO

Definición: Persona que delata, denuncia o acusa.
Término culto: Chivus delaroris.
Ubicación en el Archivo: Salón de la delación, estante de los acusicas.

Etimología: Es una palabra de formación romance derivada de chivo (cría de la cabra).
El paso de cría de cabra a delator surge de la comparación con el animal que bala o chilla constantemente, rompiendo el silencio o delatando su posición.

Nivel de ofensa:
Serio
Llamar a alguien chivato es negarle la entrada al círculo de confianza y marcarlo como un satélite de la autoridad que se alimenta de las desgracias de sus iguales.

Vigencia: Plena. Desde el plano escolar hasta el laboral.
PERFIL ACREEDOR AL VILIPENDIO

Rasgos identificativos: Suele tener una mirada huidiza con sus pares, pero busca constantemente el contacto visual con el superior para confirmar que su informe ha sido recibido.

Hábitat: Cerca de la mesa del profesor, en el rincón de la oficina con mejor visibilidad.

Peligrosidad:
Alta
Peligro por represalia. El chivato no te ataca de frente; te mina el terreno. Su arma es el informe, el chisme verificado.
ANÁLISIS DEL ÍNCLITO GABINETE

Análisis histórico y literario: La figura del chivato era tratada con asco extremo históricamente, pero bajo otros nombres como soplón, acusón o delatante. El término chivato como delator se populariza más recientemente.
En la literatura, es el personaje despreciado incluso por aquellos a quienes sirve. Es un traidor a escala doméstica.
En Fortunata y Jacinta (1887) de Benito Pérez Galdós, se lee:
«—¡Chivato, más que chivato! —exclamó la mujer con rabia—; ¡ir con el cuento al amo para que nos quiten el pan de la boca!»

Guía de uso: ¿Cuándo y cómo proferirlo?
Debe usarse cuando se descubren sus acciones.
Modo de empleo: Quedamente, como en un susurro cargado de desprecio. Y con tintes de velada amenaza.

Resumen y conclusión del Archivero
El chivato o la chivata es la versión humana de una cámara de vigilancia con patas.
El es espécimen que ha decidido que la lealtad es un lujo que prefiere canjear por la aprobación de los que mandan. No le importa causar un perjuicio a sus iguales a cambio de obtener un beneficio para sí mismo.
Su existencia nos recuerda que no hace falta un estado policial si tienes un vecino, un compañero o un «amigo» dispuesto a descubrir tus faltas, errores o actuación, simplemente por la aprobación o reconocimiento de un superior.
«Dado en el Gabinete de Agravios e Insultos a 19 de febrero de 1914».


Número de Registro: 000012334 | Catálogo de Ofensas Lacerantes | El Energúmeno Ilustrado
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