Temática: psicología

Aspectos psicológicos del insulto.

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    Gabinete de Estudio de Agravios e Insultos >Sección de Análísis de la Conducta

    Letra E capitular

    s un término de psicología que amplía la tríada oscura (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía) añadiendo el sadismo cotidiano.

    Durante años, la psicología consideró que la Tríada oscura era el mapa completo de la malevolencia humana. Sin embargo, a principios de la década de 2010, los psicólogos Erin Buckels, Daniel Jones y Delroy Paulhus se dieron cuenta de que faltaba algo esencial.

    Había personas que no encajaban del todo en el narcisismo, el maquiavelismo o la psicopatía, pero que experimentaban un placer genuino al hacer daño.

    Así nació el concepto de Tétrada oscura, añadiendo el cuarto elemento: el sadismo cotidiano.

    La gran diferencia radica en la motivación. Mientras que los tres rasgos de la tríada usan la agresión como un medio para conseguir un fin (dinero, estatus, control, poder), el sádico o la sádica cotidiano/a busca la agresión porque el daño al otro es el fin en sí mismo. Su recompensa es el placer de ver sufrir.

    A diferencia del sadismo criminal o clínico, el sádico cotidiano no comete delitos de sangre; opera dentro de la legalidad, camuflado en la rutina. Su combustible psicológico es el apetito por la crueldad directa a pequeña escala.

    Para defenderse de sus agreasiones se ha de evitar la respuesta emocional que demuestre que ha causado daño (llorar, enfadarse, perdir explicaciones…) y también mostrarse inexpresivo e ignorar sus acciones para resultarle aburrido.

    También se puede poner en relieve su comportamiento desagradable preguntándole frente o otros qué es lo que pretende con tal comentario o si hace tal cosa simplemente para causar daño. Algo que lo haga salir de esa conducta anónima y lo muestre al mundo.

    Los agravios defensivos a utilizar —aparte de sádico/a— son: cruel, miserable, mezquino, desalmado… entre otros.

    «Dado en el Gabinete de Estudios Avanzados de la Ofensa a [Sin fechar]».

    POR LA BRIGADA DE AMANUENSES

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    Gabinete de Estudio de Agravios e Insultos > Sección de Análísis de la Conducta

    a tríada oscura agrupa el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía.

    El o la psicópata es un espécimen extremadamente frío, no experimenta emociones como podrían ser la ansiedad o el miedo, por lo que es capaz de mantenerse sereno aun en situaciones emocionalmente intensas, peligrosas o aterradoras. 

    Es insensible al sufrimiento y se comporta con crueldad. El remordimiento y la vergüenza no existen para él.

    Tiene cierta facilidad para meterse en la piel de los demás, comprendiendo sus relaciones, emociones y comportamiento, aunque solo sea desde una perspectiva lógica o intelectual.

    Es un gran persuasor y manipulador y las consecuencias de sus actos no ses algo que le importe demasiado.

    El psicópata es frecuentemente impulsivo, irresponsables y tiende a no seguir las normas sociales. Este rasgo es especialmente preocupante porque puede llevar a comportamientos delictivos o dañinos.

    Aunque no todos son violentos, su impulsividad puede llevarle a ese extremo. Cuidado con eso.

    La mejor manera de defenderse de un psicópata es ser consciente de su condición. Y comprender que mienten y manipulan constantemente para obtener lo que quieren, que siempre echan la culpa a otros, que jugarán con tus emociones, que intentarán cegarte con su encanto y carisma y que pretenderán que hagas cosas que no quieres hacer.

    Se debe evitar involucrarse en luchas de poder, mantener la calma y no reaccionar emocionalmente a sus provocaciones.

    Existen estrategias para enfrentarse a un psicópata, pero no es aconsejable hacerlo dada su peligrosidad, a menos que sea la solución desesperada. Si no es el caso, aléjate de él, pon tierra por medio. Es una de las personalidades más tóxicas.

    Los agravios defensivos a utilizar —aparte de psicópata— son: cruel, desalmado, miserable, ruin, canalla, bellaco… entre otros.

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    a tríada oscura agrupa el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía.

    El maquiavélico o la maquiavélica se caracteriza por ser frío, calculador, extremadamente cínico y carecer de cualquier tipo de conexión emocional genuina con los demás.

    Muestra insensibilidad, crueldad y una ausencia total de moralidad. Sus acciones van enfocadas a una priorización absoluta de los propios intereses, viendo a los demás como medios a manipular y explotar a su antojo para conseguir esas metas. Para el maquiavélico el fin justifica los medios, independientemente de las consecuencias que se puedan derivar.

    Es realista en las percepciones y estimaciones que hace de sus habilidades, además de con las relaciones que mantiene con otros. De hecho, se focalizan en las emociones de las personas que quieren manipular para conseguir así lo que se proponen.

    La clave para no caer en sus redes es trabajar nuestra independencia emocional. Saber establecer unos límites claros en nuestras relaciones y no permitir que nadie los sobrepase.

    Puedes frenarle exponiendo su estrategia en voz alta.

    Los agravios defensivos a utilizar —aparte de maquiavélico/a— son: manipulador, rastrero, ladino, parásito, mangoneador, maquinador… entre otros.

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    a tríada oscura agrupa el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía.

    El o la narcisista se caracteriza por la grandiosidad, el orgullo, el egoísmo y la falta de empatía.

    Tiene una imagen de sí mismo muy positiva aunque poco realista, considera a los demás seres inferiores indignos de su atención o amistad, y es altamente susceptible a la información negativa y la crítica por su baja autoestima.

    Agrede con su conducta arrogante a los demás para denigrarlos y poder sentirse superior. Y tiene una compulsión obsesiva por ser el centro de atención.

    Ataca la autoestima ajena para lograr que los demás se sientan seguros bajo su influencia. Busca generar dependencia emocional anulando las emociones ajenas para ejercer control.

    Y no se siente culpables de sus actos, de los que culpa a los demás.

    La mejor estrategia a seguir para enfrentarse a un narcisista es no reaccionar emocionalmente, ignorarlo. Evitar gritar, defenderse de manera impulsiva o incluso evitar convencerle en una discusión, porque no te está escuchando.

    El mayor ataque a un narcisista es el dirigido a sus pilares de conducta. Con frases como «no eres tan especial como crees», «estás equivocado», «no tienes razón», «no sabes lo que dices».

    Pero se ha de recordar que son muy sensibles a las críticas, aunque sean constructivas, y lo tomarán como un ataque personal. Hay que prepararse para una reacción airada.

    Entre ignorar a un narcisista o atacar su ego, está la vía del insulto. Puede que desista (o no) en su actitud si se ve retratado.

    Los agravios defensivos a utilizar —aparte de narcisista— son: ególatra, ombliguista, engreído, soberbio, egotista (no, no es un lapsus calami), egocéntrico, creído… entre otros.

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    Gabinete de Estudio de Agravios e Insultos > Sección de la Psique Corrupta

    ada como llamar a las cosas por su nombre.

    Saber identificar las motivaciones del agresor nos permitirá defendernos con el insulto adecuado —que ya no será tal, sino un etiquetaje perfecto— y poner ante él un espejo que le desenmascare. Como decirle «sé lo que buscas y en mí no lo vas a encontrar».

    Muchas de esas personas que nos agreden con su comportamiento, sus acciones y su forma de ser, están definidas por la Tríada oscura.

    Es este un concepto acuñado en la psicología por Delroy Paulhus y Kevin Williams en 2002, para agrupar tres rasgos de la personalidad que, aunque diferentes, comparten un núcleo común: la falta de empatía, el egoísmo extremo y la capacidad de dañar a los demás sin sentir remordimiento.

    La investigación sobre la tríada oscura concluye que las personas con estos rasgos son más propensar a cometer crímenes, provocar malestar social y crear problemas graves en una organización desde posiciones de liderazgo. 

    Estos aspectos son:

    1. El Narcisismo

    El narcisista muestra grandiosidad, superioridad, derecho, dominación y megalomanía. Tienen una necesidad obsesiva de atención, se creen por encima de la reglas y normas sociales y proyectan una arrogancia desmedida.

    No agrede por odio, sino por necesidad de autoafirmación. Desprecian, minimizan los logros de los demás e invalidan públicamente. Necesitan que los demás estén por debajo para destacar.

    2. El Maquiavelismo

    Para el maquiavélico, las personas no son seres humanos con sentimientos, son peones que utilizar a su antojo.

    Son fríos, calculadores y extremadamente cínicos. Les interesan los resultados y son capaces de hacer cualquier cosa para conseguirlos.

    Operan a través de la manipulación sutil, la mentira estratégica, el cotilleo que destruye reputaciones y la traición calculada. Usan a la gente mientras les sirven y los desechan cuando ya no.

    3. La Psicopatía

    Es el rasgo más peligroso de la tríada (aunque no llegue a los niveles criminales que se ven en las películas). Tienen una total ausencia de empatía, remordimiento o culpa. Son impulsivos, buscan emociones fuertes y carecen de miedo al castigo.

    Disfrutan creando caos. Atacan tanto de frente como por la espalda sin pestañear, y sin compasión ni remordimiento.

    Cuando alguien de uno de estos grupos te agrede con sus acciones, estás desarmado si intentas responder con empatía, lógica o educación. Ellos ven tu civismo como una debilidad que pueden explotar.

    Identificarlos y lanzarles el insulto o la etiqueta defensiva adecuada (ya sea de viva voz para que sepa que conocemos sus intenciones, o para los adentros para blindarnos por reconocimiento de lo que está pasando) puede marcar la diferencia. El conocimiento es poder.

    «Dado en el Gabinete de Estudios Avanzados de la Ofensa a [Sin fechar]».

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    Número de Registro: 000003126 | Fondo de Estudios del Agravio Insultante | El Energúmeno Ilustrado

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    Gabinete de Estudio de Agravios e Insultos > Sección de la Psique Ofensiva

    Letra E capitular

    n este contexto el adjetivo gratuito no significa que no cueste dinero, sino que carece de fundamento, de justificación, de motivo o de provocación previa. El agresor nos lo «regala porque sí», de manera arbitraria.

    Lo que hace que el insulto gratuito sea tan dañino psicológicamente es que pilla a la víctima despevenida, lo que le genera desconcierto al desconocer el motivo de ser insultado.

    ¿Porqué esta agresión verbal injustificada?

    Este insulto proactivo nace de la frialdad, la soberbia y, paradójicamente, de profundas carencias psicológicas. Aquí, la palabra gruesa no busca liberar tensión, sino demoler la dignidad ajena para construir sobre sus ruinas el ego del agresor.

    Son varios los mecanismos que operan en la mente de quien insulta de manera gratuita y sin mediar provocación:

    1. El mecanismo de compensación narcisista

    La psicología ha demostrado ampliamente que el deseo desmedido de superioridad suele ser la máscara de un profundo complejo de inferioridad. Quien ataca sin motivo no se siente seguro y necesita validarse a través del contraste. No sabe generar autoestima de manera interna y saludable, por lo que necesita «extraerla» devorando la autoestima ajena.

    2. La tríada oscura

    En la psicología de la personalidad, existe un constructo conocido como la Tríada oscura (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía). Quienes insultan sin provocación previa suelen puntuar alto en estos rasgos o en lo que hoy se denomina sadismo cotidiano.

    Sentir que tienen el poder de alterar el estado emocional de otra persona de forma negativa les proporciona un chute de dopamina. El dolor ajeno se convierte en su fuente de placer y reafirmación.

    3. La deshumanización

    Para poder atacar a un semejante de forma gratuita, el agresor debe desactivar temporalmente sus mecanismos de empatía. Esto se logra mediante la etiquetación denigrante.

    Una vez que la víctima ha sido deshumanizada mediante el insulto, el agresor ya no siente culpa ni remordimiento por el daño causado, pues considera que el otro es inferior y, por tanto, merecedor del trato dispensado.

    4. Instrumentalización del poder social

    A menudo, este tipo de insulto se profiere con público presente (compañeros de trabajo, amigos, redes sociales). Aquí el insulto opera como una herramienta de control social e intimidación.

    El ofensor busca sumisión a través del miedo al escarnio público. Es la psicología básica del acosador: escoger una víctima para enviar un mensaje subliminal al resto.

    5. Proyección de la propia sombra

    Carl Jung acuñó el término de la sombra para referirse a aquellos aspectos de nosotros mismos que rechazamos y ocultamos. Para el insultador proactivo el insulto es, en realidad, un espejo de sus propios traumas y miedos.

    Si un individuo insulta a otro llamándolo cobarde, débil o incompetente sin motivo, muy a menudo está proyectando sus propios fantasmas.

    Nota: El insulto nunca debe ser el mazo que inicia la agresión, sino, en todo caso, el florete que desvía la estocada. Fuera de la defensa propia, toda ofensa es simple crueldad.

    Nota: El insulto gratuito debe erradicarse: Es una muestra de bajeza moral e indigencia emocional.

    «Dado en el Gabinete de Estudios Avanzados de la Ofensa a [Sin fechar]».

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    Gabinete de Estudio de Agravios e Insultos > Sección de Mente y Psique

    Letra E capitular

    n referencia al insulto defensivo, a quél que se profiere como respuesta a un ataque o a una situación que nos causa un perjuicio.

    Es común sentir frustración por la actuación de otras personas. Participas activamente en una mudanza y alguien se escaquea y no hace su parte, que deberás hacer tú; estás intentando contar algo verdadermente importante y alguien no hace más que interrumpirte con intervenciones que intentan desviar la conversación para hablar de sí mismo; ves repetidamente como una persona murmura de ti a tus espaldas, porque es que ni siquiera se esconde…

    Éstas y otras muchas situaciones más que nos causan incomodidad y estrés pueden aliviarse, aunque sea momentáneamente, con un insulto bien dirigido.

    A nivel psicológico, los beneficios directos son:

    • Verbalizar la palabra exacta que describe esa mala actitud pone orden en el desasosiego interior. Identificar correctamente la raíz del malestar tiene un efecto sanador.
    • Al pasar de la pasividad a la acción, ese insulto actúa como una válvula de escape. Expresar la rabia reduce la tensión acumulada y el nivel de cortisol.
    • Maldecir o usar un lenguaje fuerte funciona como un mecanismo de defensa que nos hace sentir más fuertes ante la agresión externa. Aumenta la tolerancia al dolor, tanto físico como emocional; tiene un efecto analgésico.
    • Se recupera el control para dejar de ser una víctima silenciosa en esa situación de de inferioridad o vulnerabilidad. Tiene un efecto de empoderamiento.

    Nota: Esto no aplica al insulto de ataque, aquél proferido sin causa y enfocado únicamente a denigrar al insultado. Un uso del insulto que no es apreciado por este Gabinete.

    «Dado en el Gabinete de Estudios Avanzados de la Ofensa a [Sin fechar]».

    POR LA BRIGADA DE AMANUENSES

    Estampación en rojo del sello de "El Energúmeno Ilustrado" dando validez a la ficha

    Número de Registro: 000002284 | Fondo de Estudios del Agravio Insultante | El Energúmeno Ilustrado

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    Gabinete de Estudio de Agravios e Insultos > Sección de la Psique Ofensiva

    o todas las ofensas nacen de la misma necesidad ni tienen la misma intención. Al insultar se pueden perseguir diferentes objetivos.

    Existe una diferencia abismal entre el insulto utilizado como arma de opresión y aquel que surge como un mecanismo de defensa. Y saber distinguir la intención detrás de la palabra es clave para entender la salud de nuestras interacciones sociales.

    Si nos referimos al insulto como ataque, nos referimos a su forma más tóxica: la que nace de una búsqueda de poder. Suele ser gratuito y desproporcionado, y el que lo utiliza de esa manera busca denigrar a los demás para sentirse superior.

    Es un mecanismo ampliamente utilizado por personas con carencias afectivas, traumas personales o inseguridades severas, que buscan humillar y dominar con una actitud soberbia y destructiva para sentirse mejor consigo mismo.

    En este escenario, el insulto es proactivo y agresivo. Es la herramienta del acosador, del narcisista o del soberbio que necesita empequeñecer el mundo para sentirse grande.

    A diferencia del anterior, el insulto defensivo es reactivo y reparador. Es una respuesta emocional y visceral ante una agresión previa, una injusticia o una invasión de nuestros límites y funciona como una descarga de adrenalina ante una situación de impotencia, para frenar un abuso o por exceder los límites de lo permitido.

    El insulto defensivo surge por indignación o dolor, intenta restaurar el autorespeto de quien está siendo atacado. Con él se protege y desahoga. Ponerle nombre a las cosas tiene un gran poder.

    Nota: Aunque la palabra sea la misma, el peso ético es distinto. No es lo mismo utilizar la espada para dañar a otro, que usar el escudo para desviar una estocada que iba directa al pecho.

    «Dado en el Gabinete de Estudios Avanzados de la Ofensa a [Sin fechar]».

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