No es que estemos enfadados, es que tenemos demasiado vocabulario para quedarnos callados.

Vivimos en una época de pobreza léxica. En estos tiempos modernos, la mayoría recurre a tres o cuatro palabras vulgares, monótonas y carentes de imaginación, cuando quieren ofender. Un mismo insulto se emplea en cualquier situación sea cual sea la causa que lo amerite, con lo que esos gloriosos términos acaban por quedar privados de su sentido original.

En El Energúmeno Ilustrado, creemos que el insulto es una de las bellas artes. Reivindicamos el derecho a la indignación y al subsiguiente improperio, pero siempre desde la excelencia lingüística.

Si considera que su repertorio es pobre, aquí le pondremos remedio.

Cenefa ornamentada a modo de separador

Históricamente, un energúmeno era aquél ser poseído por un espíritu. En El Energúmeno Ilustrado también estamos poseídos, pero por el espectro de la ironía, la esencia de la precisión etimológica y la sombra de los grandes ingenios de nuestra lengua.

  • No insultamos por falta de educación, sino por exceso de celo gramatical.
  • No ofendemos para humillar, sino para retratar la realidad con la palabra exacta.
  • No bajamos al barro, elevamos el barro a la categoría de arqueología.

Si le sangran los oídos cuando escucha a un cantamañanas, si no soporta la soberbia de un petimetre o si siente que el mundo está peligrosamente lleno de cenutrios, se encuentra en el lugar adecuado.

Cenefa ornamentada a modo de separador

El Energúmeno Ilustrado, tras siglos de labor sorda y olvido, abre sus puertas. Sea bienvenido a nuestras estancias. Desde el Scriptorium acceda a los profundos sótanos del Gran Archivo de Agravios y Ofensas, a las espaciosas salas de la Gran Escribanía del Improperio o, simplemente, deambule por nuestras dependencias. Y no traspase los cordones rojos por su seguridad.

Póngase cómodo y consulte nuestros antiguos pergaminos y legajos.

Puede empezar por donde desee, pero si no se decide… ¿por qué no empieza por el insulto que nos da nombre?